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¿Evadirse o Aventurarse?

Por 26 marzo, 2020 Sin comentarios
Nos pasamos la vida deseando parar, bajar el ritmo, tener más tiempo para nosotros.
Gastamos diariamente mucho tiempo en los desplazamientos, en las rutinas, en las compras superfluas.
En la vida hay momentos en que la vida se detiene, a veces de forma programada y otras por sorpresa. Enfermedad, pérdidas, vacaciones…
Lo que no es tan habitual es una pausa colectiva como ésta. Se pone a prueba nuestra capacidad para ser flexibles y adaptarnos. Estamos todavía en los inicios de este reto. Y algunas preguntas que nos estamos haciendo son: ¿qué hacer con tanto tiempo en casa? ¿cómo gestionar la convivencia? Aunque en realidad esa no es la única pregunta posible.
Otra posible pregunta, quizás más honesta y osada, podría ser: ¿para qué quiero aprovechar este momento? ¿qué enseñanza vital quiero extraer? Cuando recuerde esta etapa excepcional dentro de unos años, ¿cuáles son los recuerdos de mí mismo que me gustaría guardar? Al experimentar un ritmo de vida más lento, el cambio en las rutinas, la necesidad de tomar decisiones para armar una nueva agenda, al encontrarnos con la sensación de que las piezas no encajan como antes lo hacían… se despliegan infinidad de oportunidades para elegir de forma más consciente. La siguiente pregunta podría ser: ¿elijo entretenerme por medio de la evasión? ¿O elijo ocupaciones más valientes? Por supuesto, estar entretenido es mucho más saludable que emplear el tiempo en actividades improductivas como rumiar o estar tumbado mirando al techo. Es indudable que en muchas circunstancias las actividades de evasión pueden ayudarnos.
Podemos usar los grupos de WhatsApp, las series, la lectura, la cocina, el bricolaje o la jardinería para distraernos y no pensar demasiado.
Pero también existe la opción de mirar más hacia adentro.
Al retirar lo superfluo, la carrera diaria, las rutinas que consumen nuestro tiempo, ¿qué es lo que queda? ¿Con qué me encuentro? ¿Quizás con momentos únicos y experiencias sutiles que ignoraba o desconocía y que habían estado ahí siempre a la espera de ser descubiertos? ¿Quizás con temores de los que huyo habitualmente? ¿Quizás con necesidades e inquietudes propias de mi condición de ser humano que llevo tiempo silenciando y que trascienden la subsistencia y el pragmatismo cotidiano? El mindfulness puede ser un excelente instrumento para el autoconocimiento, y quizás éste sea un buen momento para arriesgarse y explorar sin salir de casa, para lanzarse a la aventura de estar presente.
El mindfulness puede practicarse de manera formal, a través de la meditación, pero también podemos elegir estar presentes, abiertos, curiosos y atentos mientras regamos las plantas, cuidamos de los hijos, abrazamos a nuestra pareja o cocinamos. Si eliges acompañarme en esta aventura, te dejaré algunas sugerencias en próximas publicaciones.

Francisco Montesinos Ver en Facebook