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Evidencia de ACT hoy: entrevista a Francisco J. Ruiz

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Francisco J. Ruiz, investigador en la Universidad de Almería y profesor del Máster en Terapias Contextuales del Instituto ACT, ha publicado recientemente una exhaustiva revisión de la evidencia empírica disponible hasta la fecha de la Terapia de Aceptación y Compromiso que ha despertado un gran interés en la comunidad científica internacional y ha sido destacada en la portada de la web de Association for Contextual Behavioral Science y recomendada por Steve Hayes, principal autor de esta terapia. En esta entrevista el Dr. Ruiz nos desgrana las principales conclusiones de su revisión.

 

P: En su artículo realiza una revisión de la evidencia empírica de ACT de acuerdo con los estudios correlacionales, los estudios de psicopatología experimental y de componentes y los estudios de resultado. ¿Qué conclusión destacaría de los estudios correlacionales realizados hasta ahora?

R: En general, lo que este tipo de estudios ha mostrado es que la evitación experiencial correlaciona con prácticamente todo tipo de sintomatología psicológica. Es más, hay al menos una treintena de estudios a día de hoy que muestran la importancia de este concepto a la hora de explicar la relación entre determinados constructos psicológicos (por ejemplo: estrategias de afrontamiento), estresores (como la ocurrencia de un suceso traumático) y el desarrollo posterior de un trastorno. En conclusión, la evidencia existente va toda en la misma dirección y confluye en la importancia central de la evitación experiencial como elemento común en los distintos trastornos psicológicos y en la exacerbación de los problemas de salud.

P: ¿Qué conclusiones se pueden entresacar de los estudios de psicopatología experimental y de componentes?

R: Por un lado, en la línea de lo comentado en la anterior pregunta, una serie de estudios ha mostrado que las personas con alto nivel de evitación experiencial muestran peores ejecuciones que las personas con bajo nivel de evitación experiencial en procedimientos experimentales en los que hay involucrado algún tipo de estimulación aversiva. Por otro lado, los estudios de componentes están señalando de manera muy consistente que los protocolos breves de aceptación son más eficaces que los protocolos dirigidos a controlar el malestar. Esto resulta coherente con la idea del rol central de la evitación experiencial pues estos protocolos de control pueden verse como una manera más de tratar de evitar el malestar.

P: ¿Qué grado de evidencia tenemos hoy acerca de la eficacia de ACT?

R: Actualmente, la ACT ha demostrado ser eficaz en el tratamiento de una amplia gama de trastornos psicológicos (depresión, trastornos de ansiedad, síntomas psicóticos, adicciones, etc.), de problemas de salud (dolor crónico, cáncer, epilepsia, etc.) y problemas diversos como el estrés laboral, el estigma o el rendimiento deportivo. En general, creo que del estado actual de la investigación puede inferirse que la ACT está demostrando ser eficaz, y puede ser eficaz, en todos aquellos problemas en los que la evitación experiencial, en un contexto de fusión cognitiva, cumple un rol negativo.

P: ¿En qué grado se ha comparado la eficacia de ACT con la terapia cognitivo conductual? ¿Pueden sacarse algunas conclusiones con la evidencia de la que se dispone?

R: La comparación entre la eficacia de ACT y la terapia cognitivo conductual está aún en sus inicios ya que apenas hay una decena de estudios al respecto. Los resultados son muy prometedores para la ACT puesto que ha mostrado mayor eficacia en siete estudios y en los dos restantes la eficacia ha sido equivalente. No obstante, debe tenerse en cuenta que muchos de estos estudios tienen un número reducido de participantes y algunos problemas metodológicos (por ejemplo: la no aleatorización de los participantes a los distintos tratamientos). En definitiva, para dilucidar esta cuestión habrá que esperar aún algunos años.

P: En líneas generales, ¿en qué aspectos considera que ACT destaca en cuanto a su eficacia en comparación con la terapia cognitivo conductual?

R: Uno de los puntos más importantes es que la ACT está acumulando una amplia evidencia de que funciona, al menos en buena parte, a través de los procesos de cambio que se proponen: la reducción de la evitación experiencial a través de la reducción de la fusión con los eventos privados (pensamientos, sensaciones, recuerdos, etc.) problemáticos. Aunque aún queda camino por andar, estos datos son muy significativos pues contrastan con la dificultad que ha encontrado tradicionalmente la terapia cognitivo conductual en hallar cuáles son sus procesos de cambio. A parte de la importancia teórica que puedan tener estos resultados, debe tenerse en cuenta que el primer paso para poder mejorar una terapia es saber por qué está funcionando.

P: Se está hablando cada vez más de las Terapias de Tercera Generación. ¿Encuentra diferencias en cuanto al desarrollo que están teniendo a nivel de investigación entre ACT y otras terapias afines?

R: Probablemente la ACT sea la terapia de tercera generación con más aval empírico en cuanto a su eficacia. No obstante, hay que tener en cuenta que otras terapias como la Terapia de Conducta Dialéctica, la Terapia Cognitiva basada en Mindfulness o la Activación Conductual cada vez cuentan también con más estudios de resultados. Sin embargo, desde mi punto de vista, la diferencia esencial entre la ACT y el resto de terapias de segunda o tercera generación es que la ACT es la única que está anclada en una teoría contextual del lenguaje y la cognición (la Teoría del Marco Relacional) que permite predecir e influir en este tipo de eventos.

P: ¿Qué conclusión general destacaría respecto a la evidencia de ACT?

R: Creo que una vez que se ponen sobre la mesa los resultados de todo el tipo de estudios que hemos comentado, la sensación que queda es de una gran coherencia y consistencia. Impresiona ver cómo la evidencia disponible a través de estudios con metodologías diversas confluye en la importancia central de la evitación experiencial destructiva y en la eficacia de los métodos clínicos de la aceptación del malestar en una dirección de valor personal para desmantelar el patrón rígido de funcionamiento que caracteriza al Trastorno de Evitación Experiencial.

P: ¿Hacia dónde cree que deberían apuntar futuros estudios? ¿Qué áreas de aplicación han sido más descuidadas por la investigación?

R: Desde mi punto de vista, aunque es inevitable seguir realizando estudios correlacionales y de resultado, creo que el siguiente salto en eficacia terapéutica de la ACT sólo puede darse de la mano del estudio más pormenorizado de los procesos verbales básicos (o las transformaciones de funciones) que tienen lugar en esta terapia: la clarificación de valores, la defusion, el uso de metáforas, etc. Conocer cuáles son estos procesos conllevaría el perfeccionamiento de los métodos clínicos que se usan hoy día en ACT de modo que podamos contar con una terapia que actúe más rápidamente y con mayor eficacia.

Para más información, podéis consultar el artículo en la web de International Journal of Psychology and Psychological Therapy
Ruiz, F.J. (2010).
A Review of Acceptance and Commitment Therapy (ACT) Empirical Evidence: Correlational, Experimental Psychopathology, Component and Outcome Studies. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 10, 1, 125-162.