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La experiencia de los alumnos del Máster en Terapias Contextuales

Por 20 julio, 2011 Sin comentarios

Tras la finalización del primer año de la primera edición del Máster en Terapias Contextuales, dos alumnas han querido compartir con nosotros su experiencia y sus reflexiones.

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¿Qué te ha llevado a hacer este Máster?

MARÍA: Las limitaciones que estaba percibiendo en relación a la terapia cognitivo-conductual fundamentalmente en pacientes con trastornos de personalidad y la necesidad que yo percibía de enriquecer mi práctica desde otros presupuestos porque ya no estaba “creyendo” en el modelo cognitivo y mi práctica era básicamente conductual.

ANA: Son diferente razones, me encanta la Psicología Clínica, quiero dedicarme a ello, pero los conocimientos que nos proporcionan desde la universidad no son suficientes (ni desde la Licenciatura ni desde los programas de Doctorado o Máster), y la formación privada que había visto hasta ahora no me convencía nada. Desde que tuve conocimiento de las Terapias Contextuales me interesé en formarme y este Máster me parecía la mejor manera. No conocía personalmente a los organizadores pero sí indirectamente y estaba convencida que esto iba a ser una cosa seria y que me aportaría lo que estaba necesitando.

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¿El recorrido hecho hasta ahora ha satisfecho tus expectativas?

M: Totalmente, diría que las ha superado porque nunca había tenido una experiencia formativa de tanta calidad.

A: Sí ha satisfecho las expectativas, en cuanto a que ha sido algo serio y era lo que estaba necesitando, aunque para mí ha sido bastante duro, puesto que ha sido “un lanzarse a la piscina constantemente…” En muchas sesiones, tuve la sensación que nos faltaba tiempo y que no eran suficientes para asimilar los contenidos, aunque reconozco que debo leer más de lo que lo he hecho hasta ahora.

 

 

 

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¿Qué destacarías en comparación con otras ofertas formativas?

M: En relación a los docentes además de su preparación, el entusiasmo y rigor con el que han llevado este curso. En relación a las sesiones, la riqueza de cada una de ellas, por sí mismas y como parte de un todo que permitía hilvanar unas con otras. Tengo también la impresión de que ha existido una coherencia muy alta entre lo que se plantea como conveniente a nivel terapéutico y la forma de llevar el curso, ejercicios experienciales, aprendizaje a través de múltiples ejemplos, diferentes perspectivas a través de la experiencia de distintos profesionales con formas distintas de aplicar ACT…

A: El enfoque contextual y clínico, las personas encargadas de la docencia y la coordinación, sobre todo las que tenían más contacto con la clínica. Realmente ha sido un trabajo enorme y se ha visto reflejado durante el curso.

Sabemos que este primer año se ha centrado en cuestiones conceptuales y básicas. ¿Hasta qué punto crees que los cursos básicos son de utilidad en la aplicación de las Terapias Contextuales?

M: Creo que ha sido fundamental para no quedarme en la “forma” de ACT, para no utilizar sólo un conjunto de técnicas sino para entender para qué y por qué se hace lo que se hace. Esto creo que me permitirá además tener un repertorio mucho más flexible de acciones durante la intervención terapéutica sin quedarme “pegada” a las técnicas concretas.

A: Es fundamental, nos guste o no, sin las bases es muy difícil entender lo que haces y para qué lo haces. Además, nos quedaríamos en superficie y para eso no te metes en el berenjenal de un Máster de esta envergadura.

¿Dirías que el paso por el primer año del Máster ha supuesto cambios en tu práctica clínica cotidiana? ¿En qué sentido?

M: En muchos sentidos, de modo general he dejado de aplicar el modelo cognitivo-conductual. Tengo presentes en sesión las CCR (conductas clínicamente relevantes), lo que creo que aumenta la eficacia de lo que se hace en sesión y me facilita el medir de otra forma los cambios que se están produciendo en el paciente. Además, estoy más al lado de la persona y no voy por delante, aunque tengo aún mucho que trabajar en esta dirección y también en relación a facilitar la experiencia de desesperanza y la clarificación de valores.

A: Obviamente sí, voy haciendo cosas que ni de lejos hacía antes, sobre todo exposición y defusion. Ha sido un proceso gradual, no me he metido de golpe en una “piscina olímpica”. Podríamos decir que “empecé por la de los niños… hasta que llegar a una bastante grande (no es todavía la olímpica)… con los inevitables caídas”. Algunos ejemplos me los han dado las pacientes, una dijo que tras unas sesiones había sentido que “salía como si fuera otra…”. Con otras, sin embargo, no he tenido estos resultados. En general, me veo más fluida y noto que gasto menos tiempo en cosas innecesarias, más rápida para ver las cosas (lo que es un arma de doble filo porque tiendo a adelantarme al paciente, es un “arma” que aún no manejo bien), más directa y menos complaciente.

¿Sobre qué tema has llevado a cabo el trabajo de Fin de Máster?

M: Sobre un estudio de caso de un paciente con sintomatología obsesivo–compulsiva

A: En intervención grupal en Fibromialgia.