Con el siguiente ejercicio que nuestra compañera Paula F. Ruiz propone, podrás practicar la habilidad de observar con distancia, desde el andén de tu consciencia, los trenes de pensamientos que circulan por tu mente mientras te mantienes, momento a momento, centrado/a en tu respiración. De esta forma, aprenderás a notar y dejar pasar de largo los trenes que no resulten de utilidad para ti y, en su lugar, mantenerte presente, volviendo una y otra vez a lo que te importa y te ocupa en cada momento. Tal vez este sí sea un viaje que merezca la pena emprender, ¿no?

¿Os habéis dado cuenta de que cuando nos viene un pensamiento a la cabeza casi nunca viene solo, sino que trae consigo un montón de pensamientos más? Aparece un pensamiento y ¡pum!, de forma casi automática estamos inmersos en una retahíla de valoraciones, anticipaciones, recuerdos, emociones e incluso sensaciones físicas. Se van enganchado unos con otros como si fueran los vagones de un tren.

De hecho, podríamos decir que la mente funciona más o menos así, continuamente está poniendo en marcha trenes de pensamientos, sentimientos, sensaciones… Y también constantemente nos invita a subir y perdernos con ellos bajo la atractiva (y tantas veces engañosa) premisa de que el trayecto nos conducirá a la solución o explicación que andamos buscando, al alivio de esa molestia que nos incomoda. Sin embargo, lejos de llegar a algún lugar, la experiencia con muchos de estos trenes resulta más similar a la de quedarse dando vueltas en un trayecto a ninguna parte y del que salimos más desorientados, abatidos y agotados que cuando lo comenzamos. ¿Te suena?

A veces ocurre que, además de ser un viaje estéril, para cuando logras bajar de ese tren de rumia, te das cuenta de que durante todo el tiempo que ha durado el trayecto has estado alejándote, viajando en dirección contraria a aquello de lo que querías ocuparte y cuidar. Veamos, por ejemplo, ¿cuántas veces durante una charla con amigos o familiares, alguien te ha hecho volver abruptamente a la conversación con eso de “¿me estás escuchando?”? ¿Dónde estabas realmente la última vez que tu hijo/a te contaba la historia de lo que había dibujado? ¿Y la última vez que tu pareja te tocaba? Cuando te vas a dormir, ¿estás realmente en la cama o sigues en tu despacho repasando lo que te dijo tu jefe esta mañana sobre aquel informe? Si te ves reflejado/a en alguno de estos ejemplos, probablemente hayas experimentado lo que significa dejarse arrastrar por un tren de pensamientos desbocado que, sin darte cuenta, te estaba llevando a un lugar muy alejado de donde tú querías estar.

¿Por qué nos cuesta tanto dejar pasar de largo ciertos trenes aun cuando la experiencia nos dice que no nos llevan a ningún sitio? La capacidad de nuestra mente para imaginar, anticipar, evaluar, comparar y planificar es tremendamente útil en muchos ámbitos de nuestra vida y nos convierte en la especie más inteligente del planeta. Sin embargo, resulta ser un arma de doble filo, pues es esa misma habilidad de nuestra mente la que hace que nos enredemos en la rumia y nos perdamos algunas de las cosas o momentos que más nos importan.

Tendría utilidad, entonces, aprender a distinguir qué trenes son realmente los que nos interesa tomar y cuáles nos conviene más dejar pasar de largo. De hecho, visto así, perder algunos trenes puede representar una verdadera victoria, ¿no te parece?