Otro regalo de nuestra compañera Paula F. Ruiz. Una reflexión y un poema y la propuesta de una práctica de respiración para esta semana. A través del ejercicio de meditación centrado en la respiración, Paula nos invita a practicar esta posición de apertura y bienvenida hacia cualquier pensamiento, sensación o emoción que te visite, que se instale momento a momento en tu casa. Tal vez estos huéspedes traigan un mensaje digno de ser escuchado por ti. ¿Te darás la oportunidad de explorarlo? ¿Te darás la oportunidad de aprender a morar en ti?

Pincha aquí para escuchar y practicar este ejercicio.

“¿De quién te escondes? ¿De qué huyes? Si lo que llevas dentro te seguirá donde vayas”.

Durante estos días, estas preguntas retumban con fuerza en mi cabeza.

Es cierto que en este momento de nuestras vidas estamos separados, más lejos de lo que nos gustaría, de muchos de nuestros seres queridos. También de lugares, rutinas o actividades de los que habitualmente disfrutamos y que nos permiten estar en movimiento. Y al mismo tiempo, probablemente estemos más cerca que nunca de lo que ocurre dentro de nosotros, confrontados con la realidad de lo que se nos mueve entre pecho y espalda ante esta situación.

Escuchamos cada día hasta la saciedad el imperativo de “quédate en casa”. Llenamos la despensa y nos encerramos entre las cuatro paredes de nuestro piso, convencidos de que eso es lo más duro a lo que tendremos que atenernos durante estas semanas. Yo, sin embargo, me pregunto: ¿No tendrá que ver el verdadero desafío de estos tiempos con aprender a estar con uno mismo? ¿No tendrá que ver con aprender a quedarnos y morar en la única y verdadera casa que vamos a habitar el resto de nuestras vidas, que somos nosotros mismos?

Ocurre que, tal vez, tu casa (es decir, tu mente, tu cuerpo, tu campo de consciencia) se haya llenado estos días de un montón de huéspedes un tanto indeseados: pensamientos de futuro o de pasado, sentimientos y sensaciones de ansiedad, de impaciencia, de rabia, de incertidumbre, de agotamiento o incluso de desesperación, entre otros.

Estos huéspedes y cualesquiera otros que estén por venir, forman, momento a momento, parte de ti. Son legítimos habitantes de tu casa, y me temo que no está en tu poder el echarlos. La cuestión es: ¿cómo vas a relacionarte tú con ellos durante su estancia? Podrías invertir jornada tras jornada tratando de echarlos, peleándote con cada uno de estos invitados molestos que reclame tu atención. Pero, ¿cuántas horas estás dispuesto a gastar en entretenimientos carentes de sentido o repasando compulsivamente la actualidad de la información, con tal sentirte un poco menos aburrido, ansioso o preocupado? ¿A dónde estás dejando de mirar, de qué estás dejando de ocuparte, mientras te enfrascas en esa lucha? ¿Qué precio estás dispuesto a pagar con tal de apartar de ti, durante un rato, los huéspedes más molestos?

Por fortuna, hay alternativa. Una alternativa que nos gustaría ayudarte a explorar, siempre que hacerlo pueda ser útil para ti: ¿Qué tal si pudieses acoger y dar la bienvenida a estos huéspedes? ¿Y si fuese esta la oportunidad para aprender a morar en tu casa, en ti, incluso cuando los invitados que te frecuenten no te agraden del todo? ¿Y si pudieses verte implicándote en las cosas que son importantes para ti, en las acciones que para ti tienen sentido, con independencia de los huéspedes que se alojen contigo mientras lo haces?

Rumi nos hace esta misma invitación a través del siguiente poema:

La casa de huéspedes
El ser humano es una casa de huéspedes.
Cada mañana un nuevo recién llegado.
Una alegría, una tristeza, una maldad.
Cierta conciencia momentánea llega
como un visitante inesperado.
¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!
Incluso si fueran una muchedumbre de lamentos,
que vacían tu casa con violencia.
Aun así, trata a cada huésped con honor.
Puede estar creándote el espacio
para un nuevo deleite.
Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,
recíbelos en la puerta riendo
e invítalos a entrar.
Sé agradecido con quien quiera que venga
porque cada uno ha sido enviado
como un guía del más allá.